Esto demuestra que no eres un verdadero líder

El liderazgo es un tema delicado.

Se requiere una inmensa cantidad de experiencia en las pistas para aprenderlo.

Y es común que la gente asocie “liderazgo” con un título.

Un CEO es un “líder”. El director creativo es un “líder”. Incluso tu manager es un “líder”.

Pero eso no es realmente lo que es el liderazgo. El liderazgo no es una insignia que se usa o un sombrero que se pone en ciertas situaciones.

Volvemos al viejo cliché: Los líderes lideran con el ejemplo.

Son líderes no por lo que han logrado o por el título que tienen antes de su nombre.

Son líderes por la forma en que se comportan y su capacidad para inspirar a la gente a hacer cosas que no harían por sí mismos.

Mucha gente cree que son líderes, y ese es el problema.

Aquí hay cinco señales de que estás gastando más esfuerzo tratando de ser un líder que liderando en realidad.

1. Usas tu título como una palanca

En el momento en el que dices: “Haz lo que te digo porque soy tu director, el dueño, tu director general”, puedes ganar la batalla, pero has perdido la guerra.

Ya no estás liderando con el ejemplo, sino que estás tratando de inspirar a través de la jerarquía.

Eso puede provocar acciones en el momento, pero causará resentimiento en el futuro.

Sólo porque te encuentras en una cierta posición comúnmente asociada con “ser un líder” no significa automáticamente “liderazgo”.

2. Apuntas con el dedo en vez de tirar del pulgar

Un gran líder sabe que, al final del día, todo vuelve.

Si tu empleado o tu socio comete un error, sí, en algún nivel son responsables, pero en otro nivel su error puede haber sido el resultado de un proceso o una solicitud que tú presentaste.

La verdad es que no importa cómo o por qué algo sale mal, las cosas pasan.

Lo que importa es cómo tú, como líder, reaccionas y avanzas. Y si señalas los errores de los demás sin reconocer tu propio papel en la ecuación, las personas que te rodean se sentirán alienadas.

3. Eres emocionalmente inconsistente

Como empleado, no hay nada peor que no saber si hoy es un día “bueno” o “malo”.

Lo que prohíbe el gran trabajo y aumenta dramáticamente el tiempo de ejecución es tener que preocuparse o preguntarse qué tipo de reacción emocional vas a recibir de tu líder.

Puede ser que en algunos días, una pregunta muy complicada se maneja con facilidad, y en otros días, la más simple de las preguntas lanza a la persona a un ataque de rabia.

Estas inconsistencias emocionales son las que crean el caos en una oficina o en el trabajo porque nadie sabe qué esperar.

Como líder, tú eres la piedra, el fundamento sobre el que todo coexiste y opera.

Es mucho que llevar, pero por eso eres el líder. Acéptalo.

4. No mantienes tu palabra

Nada destruye más rápido la lealtad y la adoración que decir que harás algo y luego no hacer nada.

Tus empleados y asociados comenzarán a cuestionar tu capacidad para llevar tu propio peso, sin importar cuánto más tengas en tu plato.

Lo que deberías hacer es ser honesto y admitir, incluso como líder de una organización o de un pequeño equipo, cuando necesites ayuda.

No hay dignidad en asumir responsabilidades que en última instancia no se pueden cumplir.

5. Te concentras en lo malo y nunca destacas lo bueno

Hay una delgada línea entre inspirar grandeza y destruir la motivación.

Si te concentras sólo en los errores de las personas que te rodean, empezarán a sentir que “todo lo que hacen está mal”.

Esta es una receta para el desastre, tanto interiormente como exteriormente. Sí, señala los errores y corrígelos cuando sea necesario. Pero no pases por alto ni menosprecies lo que traen a la mesa el resto del tiempo.

Escuchar lo que haces bien es tan importante como escuchar lo que haces mal.

De lo contrario, tus empleados o asociados se perderán en la oscuridad, inseguros de cómo navegar mejor dentro de tus expectativas.

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