Cambia tu presupuesto por un plan de gastos

Es fácil sentir que no tienes mucho control sobre el dinero.

Seguramente te encantaría tener un ingreso mayor, pero tu salario es lo que es, y sólo puedes negociar hasta cierto punto. O te gustaría una renta más barata, pero vives en una ciudad donde la demanda de vivienda es alta.

La mayoría de nosotros sentimos exactamente lo contrario del control cuando se trata de dinero: Nuestras vidas cotidianas son siempre dictadas por nuestras vidas financieras.

Sin embargo, los estudios sugieren que un sentido de control es fundamental para tu bienestar financiero.

En un estudio realizado en 2014 en Stanford, los investigadores encontraron que el simple hecho de sentirse más poderoso llevó a la gente a tomar mejores decisiones de ahorro.

Para que los participantes en el estudio tuvieran la mentalidad correcta, los investigadores colocaron a algunos sujetos en una habitación donde se sentaban en una silla alta (a estas personas se les apodaba los “líderes”) y a otros en una habitación diferente donde la única opción de sentarse era un taburete bajito (estos eran los “seguidores”).

Luego, los investigadores le preguntaron a ambos grupos cuánto dinero querían ahorrar. Los líderes estaban dispuestos a ahorrar entre el 34% y el 42% de sus ingresos, mientras que los seguidores sólo ahorraban entre el 13% y el 18%.

No, no estoy sugiriendo que una silla más alta sea la solución a tus problemas financieros. Pero los autores del estudio plantearon la hipótesis de que cuando las personas se sienten poderosas, quieren conservar ese sentimiento, lo que las impulsa a tomar decisiones que mantienen su sentido de control.

Un plan de gastos es como un presupuesto, pero con una diferencia crucial: Es apoyar algo que te importa.

“Debido a que no podemos controlar el mundo, lo que necesitamos es concentrarnos en lo siguiente: ¿Qué es lo que tenemos el poder de cambiar en nuestro comportamiento, y en nuestro comportamiento financiero en particular?

Los siguientes movimientos de dinero pueden ayudarte a encontrar ese poder. Son pasos sencillos, pero marcarán una gran diferencia en tu mente y, eventualmente, en tu cuenta bancaria.

Toma pequeñas decisiones

El simple acto de ahorrar dinero, sin importar la cantidad, puede darte poder y motivarte de maneras que no esperarías. No tienes mucho control sobre la economía o el mercado laboral; para evitar sentirte derrotado, date la oportunidad de tomar una decisión sobre algo que sí tienes control. Elegir ahorrar es una pequeña manera en la que puedes tener algo que decir en tu vida financiera.

Sólo pregúntale a Charles Duhigg, autor de The Power of Habit. En su último libro, Smarter, Faster, Better (Más inteligente, Más rápido, Mejor), Duhigg escribe: “La motivación se activa al tomar decisiones que nos demuestran a nosotros mismos que tenemos el control. La decisión específica que tomemos es menos importante que la afirmación del control”.

En otras palabras, no se trata realmente de los $5 USD que ahorras o los $25 USD adicionales que decides tirar a tu deuda. Es el hecho de que estás tomando la decisión en primer lugar. “Es este sentimiento de autodeterminación lo que nos pone en marcha”, explica Duhigg.

Deshazte de tu presupuesto por un plan de gastos

Las dietas son difíciles porque son restrictivas por diseño. Cuando te dices a ti mismo que ya no puedes comer papas fritas, lo único que quieres es una papa frita. Y quizás unas papas fritas. Ah, y un milkshake. Sí, también quiero un milkshake de chocolate.

Los presupuestos presentan el mismo problema. La mayoría de la gente comienza un presupuesto porque se siente como la cosa responsable y adulta que hay que hacer. Pero cuando tus amigos te preguntan si quieres invertir $250 USD para ir al concierto de Shakira, ese compromiso de ser responsable se va por la ventana.

Para solucionar este problema, muchos expertos recomiendan un plan de gastos en vez de un presupuesto. Con un plan de gastos, se presenta una meta financiera específica y luego se hace un presupuesto basado en alcanzar esa meta. Digamos que tu meta es ahorrar $2,500 USD para un viaje a Nueva York. Toda tu vida financiera tiene como objetivo apoyar esa visita a Central Park y esos boletos de Broadway y cualquier otra cosa que planees hacer en tu aventura en Nueva York. Un plan de gastos es exactamente como un presupuesto, pero con esa diferencia crucial: Es apoyar algo que te importa.

No es fácil decirle que no a Shakira, pero es mucho más fácil cuando tienes una razón sólida para hacerlo. Un plan de gastos te da esa razón. (Y si te hace sentir más poderoso, creo que Shakira lo aprobaría.)

Piensa en una meta concreta para tu plan de gastos

Antes de que descubras cómo administrar mejor tu dinero, descubre para qué quiere usarlo en primer lugar. Tu lo que no tiene que ser glamoroso. Tal vez sólo estás tratando de pagar un préstamo estudiantil de $10,000 USD porque estás cansado de cargar con ese peso. En ese caso, estás pagando para sentirte liberado, y eso vale la pena.

Haz tu meta SMART

Una meta también es mucho más fácil de alcanzar cuando se tiene un plan para alcanzarla. Un marco fácil para convertir tu meta en un plan son los criterios de metas SMART, un marco para describir las metas que son Específicas, Medibles, Alcanzables, Relevantes y de Tiempo Determinado. Así es como podría ser una meta financiera SMART.

  • Específico: Necesito pagar mi crédito estudiantil de $10,000 USD.
  • Medible: Llevaré un registro de mi progreso a través de mi cuenta de préstamo estudiantil en línea.
  • Alcanzable: Esto se puede lograr en tres años si reduzco los gastos que gasto en restaurantes.
  • Relevante: Esto es relevante porque quiero liberar mis ingresos para gastarlos en cosas que me importan.
  • Con límite de tiempo: Al ahorrar $277 USD al mes, pagaré este préstamo en 2021.

Boom, ahora tienes un plan para esa meta que parece insuperable de pagar tu deuda estudiantil. Aún así no será fácil, pero esto al menos te da un plano para llegar a la meta.

Por ejemplo, tal vez te recompensarás a ti mismo cuando pagues $1,000 USD de ese préstamo. No tiene que ser nada costoso o lujoso – eso anularía el propósito. Pero podrías darte el gusto de algo tan simple como un largo baño, o un paquete de gomitas o una visita a tu museo local. Lo importante es reconocer estos logros que te ayudarán a mantenerte motivado a largo plazo y concentrado en el proceso.

Anota tu primera memoria del dinero

Dependiendo de la persona, el dinero puede representar un número de conceptos cargados emocionalmente: miedo, codicia, escasez, riqueza, oportunidad, ira.

Si tus padres se peleaban por ello con frecuencia, por ejemplo, el dinero podría ser algo con lo que has aprendido a esquivar porque piensas que es algo que te causa problemas. Prefieres no lidiar con la confusión, así que ignoras tu presupuesto, gastas sin pensarlo mucho y nunca te molestas en pedir un aumento. La manera en que pensamos sobre el dinero como adultos siempre hace resonar nuestras experiencias más tempranas con él.

Tómate un momento para pensar en tu primera memoria del dinero. Piensa en las emociones que rodean esa memoria y cómo pueden contribuir a algunos de tus hábitos actuales. Este ejercicio puede ayudarte a ejercer un poco más de poder sobre tu comportamiento financiero; después de todo, entender un hábito es el primer paso para cambiarlo.

Deja de automatizar todo

Un último consejo para sentirse más en control de tu dinero: Involúcrate con más frecuencia. Es muy fácil automatizar todos los aspectos de nuestro trabajo. Pagamos nuestras cuentas automáticamente. Guardamos la información de nuestra tarjeta de crédito en nuestros sitios web favoritos para no tener que escribir los números. Pero el costo oculto de esta conveniencia es que a menudo no pensamos mucho en esas transacciones, o en nuestras finanzas en general.

Desconecta esas tarjetas de crédito. Revisa tu presupuesto todos los días. Anota tus gastos. Si realmente quieres comprometerte, intenta gastar sólo en efectivo – hay algunas pruebas, como este estudio de 2012 publicado aquí, donde se afirma que la gente gasta menos cuando paga en efectivo.

Lo que funciona para una persona puede no funcionar bien para ti. Tal vez termines gastando más cuando pagas en efectivo. Tal vez un chequeo de presupuesto diario te desanima, y prefieres hacerlo semanalmente. Hay algunas reglas financieras básicas que son universales, pero lo que pasa con las finanzas personales es que son algo personal. Para sentirte con poder financiero, el primer paso es averiguar qué es lo que funciona para ti.

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